En un entorno altamente competitivo, las empresas necesitan concentrar sus esfuerzos
en el conjunto de sus actividades distintivas, en las que radica su diferenciación y que
son generadoras de valor añadido.
Para ello, las empresas recurren cada vez más al outsourcing o externalización de
procesos, delegando en empresas de servicios especializadas la gestión de ciertas
actividades, centrándose en su actividad principal, que es lo que realmente les diferencia
en un mercado muy competitivo y globalizado.
La externalización de ciertas actividades o procesos aporta al cliente una optimización de
costes, mayor capacidad de adaptación al cambio, mejora de la calidad del proceso,
flexibilidad y rapidez.